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sábado, 10 de enero de 2009

REFLEXIÓN HISTÓRICA SOBRE EL PRIMER CENTENARIO DE LA CONSTITUCIÓN. CÁDIZ, 1912 ¿PUNTO DE PARTIDA?


Muchos son los preparativos y proyectos planteados para el aprovechamiento del festejo y conmemoración del Segundo Centenario de la que fue Primera Constitución Española. Rehabilitaciones de viviendas, obras magnas como la que harán posible el segundo puente sobre la Bahía, la remodelación de la Plaza de Sevilla, numerosos actos culturales como publicaciones, exposiciones, conferencias o mesas redondas, son sólo parte de los preparativos y prolegómenos que están teniendo lugar ya desde varios años antes de que se produzca el esperado evento. El acontecimiento se vende como una oportunidad de oro para la ciudad, momento histórico para el que se ha hecho necesario dictar un Real Decreto que regule todas las actuaciones que se realicen destinadas a este fin.
Los gaditanos del siglo pasado ya vivieron una ocasión similar con motivo del Primer Centenario. Contando ya con la experiencia de aquel evento y a escasos cuatro años del próximo acontecimiento, se me antoja oportuno publicar este trabajo con la finalidad de promover la reflexión del lector, para que éste pueda hacerse una idea propia fundamentada en unos hechos reales ante preguntas como: ¿fueron satisfechas con este pretexto las necesidades de las que adolecían los gaditanos del pasado siglo?, ¿se cumplieron las expectativas creadas? ¿qué fue del Cádiz de 1913?, ¿mereció la pena tanto esfuerzo?



-LOS AÑOS PREVIOS AL CENTENARIO

La propuesta formal para que se llevase a cabo la celebración de este Centenario en Cádiz fue hecha en julio de 1909 por Cayetano del Toro y Quartiellers, creándose para ello la Comisión que él mismo presidió. También en esta ocasión se hizo necesario la regulación del evento desde el Gobierno Central y en agosto de 1910 se publicó dos decretos a través de los cuales se le daba a Cádiz el papel protagonista de la celebración, que luego tuvo que ratificar ante los crecientes rumores que hacían creer que la conmemoración podría llevarse a cabo en otro escenario, lejos de Cádiz.
En los años que precedieron a esta efeméride, la ciudad se encontraba inmersa en una serie de innovaciones prestas a ofrecer la mejor cara posible ante la inminente llegada del evento. La crisis económica desde el desastre del 98 era patente y los intentos por suavizar sus efectos no fueron pocos. Los casi setenta mil habitantes que conformaban la población gaditana en estos momentos parecían asfixiarse por unas murallas que en antaño sirvieron para repeler intentonas de asaltos e invasiones pero, una vez cumplida esta misión se hizo necesario "liberar" a los gaditanos de esta opresión. Podríamos decir que el tres de marzo de 1906 se abrió la veda. Ese día, el entonces Alcalde, Cayetano del Toro procedió de manera simbólica a derribar la primera piedra de las murallas de la ciudad. Cádiz buscaba su crecimiento y expansión con el derribo de estos muros y el trazado de una nueva barriada obrera en extramuros entre el camino de San Severiano y el paseo de Augusta Julia. Además, como consecuencia de esto, se hizo también necesario dotar a la ciudad de un buen sistema de comunicación tanto por mar como por tierra, por eso, ese mismo año quedaba inaugurada la línea del tranvía que unía Cádiz con San Fernando y eran autorizadas un año más tarde las ansiadas obras de ampliación del puerto. Todas las esperanzas de mejora de la ciudad, pasaban por la buena salud de la que gozara su puerto, algo bien sabido por los gaditanos. Ese año 98 había inferido notablemente en el comercio marítimo de la ciudad. Según Manuel Barragán, a principios de siglo sólo se transportaba vino, sal y poco más y los trasatlánticos que atracaban en la ciudad, lo hacían por la creciente emigración que provocaba la búsqueda de empleo de los españoles en el exterior. Se pretendía conseguir un muelle a la altura de los más competitivos, que permitiera el atraco de grandes barcos y trasatlánticos, que dinamizaran la vida de nuevo en esta ciudad y trajera la tan ansiada prosperidad económica valorándose además, como posible salida a la crisis padecida, el fomento del turismo, para lo que también se tomaron medidas como el proyecto e inauguración en 1907 del Balneario Victoria entre otras.
El objetivo estaba bien claro, se pretendía hacer un Cádiz "más habitable y confortable" y salir de la crisis que, según Chivite, se dejaba notar en la ausencia de nuevas construcciones prácticamente desde 1898 hasta 1904. Sólo a raíz de entonces, se llevaron a cabo determinados proyectos como el del Hospital de Mora (1904), el Gran Teatro (1910), o el del Edificio de Correos (1914). Además, como bien asienta el profesor Marchena, se pretendió buscar una alternativa turística como alivio a la crisis creándose la Sociedad del Turismo de Cádiz en la llamada Casa de las Cuatro Torres nº 6 y una Oficina de Información que se ubicó frente a la Comandancia de Marina usándose también como elemento de atracción al forastero, la potenciación de las fiestas más populares de la ciudad.




-UNA ILUSIÓN CREADA

Podemos partir de la idea de que el Cádiz del Primer Centenario, el de D. Ramón Rivas y Valladares no era muy diferente al que hoy día conocemos. Falto de recursos, decadente y necesitado de una reactivación económica buscó, como hoy día, un punto de partida en el enderezamiento de aquel rumbo que le hacía navegar irremediablemente hacia la deriva. Entonces habían transcurrido los cien primeros años de aquel acontecimiento que tantas páginas de historia hizo escribir. Ese protagonismo y prestigio adquirido, casi sin querer, se quiso ahora aprovechar para conseguir aquel impulso que tanto necesitaba la sociedad gaditana del momento.
La ilusión que se creó en la ciudad fue tremenda, algo que incluso, se nos transmite a través de la prensa y los escritos de la época. La ciudad se vistió de fiesta y se engalanó para la ocasión con numerosas colgaduras, banderolas, sillas, toldos, etc. Todo debía estar a punto, se aceleraron los trabajos en las calles que se encontraban cortadas por obras las cuales, fueron terminadas a toda prisa en la misma mañana de la celebración. La gente estuvo muy participativa con el evento y la estación se vio invadida de personas que queriendo ver la llegada de las distintas personalidades se acercaron al lugar. Llena de orgullo, la prensa local deja ver cómo los miembros representativos del Congreso, el Vicepresidente, Aura Boronat y los Secretarios Quiroga Ballesteros y Castell fueron recibidos entre gritos y aplausos al llegar a la ciudad en el Exprés.
Se pretendió a todas luces aprovechar el tren del Centenario para llevar hasta Cádiz el impulso necesario que reactivara definitivamente su económica. Como digo, la situación de la ciudad, no difería demasiado con la que hoy padecemos y el puerto gaditano era el que mejor reflejaba aquella decadencia. La población evocando tiempos mejores, criticaba su situación. El bullicio y el trasiego tanto de personas como de mercancías propio de las grandes ciudades comerciales, había dejado paso a un alarmante silencio. El puerto, arteria principal del Cádiz más enérgico y bullicioso, no era capaz de hacer frente a las trabas arancelarias que soportaba. En uno de los artículos de Diario de Cádiz consultados, se pidió encarecidamente el cese del exceso, que fueran suprimidos los aranceles aduaneros para conseguir abaratar los costes y hacer rentable el negocio. Sólo así se podría competir con las mejores potencias del momento, afirmando que en igualdad de condiciones, Cádiz y a través de ésta España, saldrían siempre ganando debido a la similitud de las costumbres y modos de vida existentes principalmente con los continentes africanos y americanos, además de por las ventajas que le brindaban la situación estratégica de la ciudad y el prestigio alcanzado durante su extensa tradición comercial. Alfredo Brisac, autor de este artículo, hablaba del puerto gaditano como si de un embrión se tratara, el cual necesitaba facilidades que permitieran su desarrollo para llegar a ser un puerto de referencia mundial. El articulista movió su pluma con la ilusión que le inyectaba aquella efeméride, pero también dejó bien claro que las instituciones tenían que esforzarse para lograrlo.




-LOS FESTEJOS

El Ayuntamiento concedió en sus presupuestos anuales la dotación económica de 172.000 Ptas. para cubrir los gastos de las celebraciones. Los preparativos se estuvieron fraguando con varios meses de antelación y fue nota común en todos los escritos de la época la buena organización en general del evento. Aquella efeméride se celebró en dos tandas si se me permite la expresión, una como no podía ser de otra forma, en el mes de marzo, en el día de San José, organizados y costeados por la alcaldía, y otra en el mes de octubre organizadas por el Estado como acordó la Junta Nacional.


- AQUEL 19 DE MARZO

Los primeros festejos conmemorativos se abrieron con una procesión cívica formada por multitud de personalidades representantes de distintas instituciones locales y estatales. Una banda militar interpretó la Marcha Real a las puertas del Ayuntamiento, en una engalanada plaza de Isabel II dando comienzo de esta forma el desfile. La gente estaba eufórica y se agolpaba por todas las calles por donde pasaba el cortejo para presenciar aquel histórico momento. En la plaza de la Constitución se cantó por dos veces a petición de un público exuberante el himno compuesto para la ocasión por el presbítero José Gálvez y Servando Camuñez acompañado por los sones de las bandas militares y la Sociedad Orquesta de Cádiz. Tal era la aglomeración de público, que en aquella plaza de la Constitución, una vez terminado el acto y cuando la procesión se dirigía a la plaza de las Cortes, la gente quiso salir como lo hace el agua de un embudo, entre otras razones, para saludar al político gaditano Segismundo Moret y Predergast, lo que originó escenas de angustias y un pánico generalizado. La baranda de la tribuna que se había habilitado para la ocasión en el centro de la plaza, y desde donde se leyeron algunos de los artículos del texto legislativo, no aguantó el peso de la euforia. Cayeron muchas personas que a la vez fueron aplastadas por las que le pasaron por encima en su intento de huir, lo que se saldó con un muerto y tres heridos, dos de ellos graves que fueron trasladados en cuanto se pudo por efectivos de la Cruz Roja a la Casa de Socorro, lugar en el que el mismo Alcalde se personó para interesarse por el estado de los accidentados. Esto casi me obliga a resaltar las notadas y reiteradas muestras de cariño que hacia el citado político gaditano se dedicaron en todas las páginas de la prensa. La gente dio un excelente trato generalizado de reconocimiento y agradecimiento hacia su figura y cada vez que su nombre era mencionado en los escritos del momento no era sino para alabarle y elogiarle. En ellos se resaltaron frecuentemente sus virtudes como historiador con discursos siempre calificados de elocuentes y de gran maestría. Todos los escritos consultados se afanan en mostrar y subrayar las muestras de cariño que la población rindió a este personaje durante su estancia en la ciudad. Prueba de ello es la publicación en Diario de Cádiz de un soneto a él dedicado: Al insigne Moret, con motivo de un discurso en el Gran Teatro:

“Conseguir escucharle ¡que fortuna!
De todo asunto de la quinta esencia
Porque es cada oración una sentencia
Porque su frase siempre es oportuna”

En la plaza de San Felipe se había montado otra tribuna desde donde el Alcalde Don Ramón Rivas y Valladares dio su discurso. Por la noche, siguió la fiesta y el Gran Teatro sirvió para el disfrute de la velada conmemorativa con asistencia de toda la aristocracia gaditana. El teatro se encontraba repleto, la intervención de Francisco Pró dio comienzo al acto, al que le siguió la del Sr. Alcalde que se limitó a dar las gracias en nombre del pueblo gaditano. Tras él, tomó la palabra Aura Boronat, Vicepresidente del Congreso, quien halagó a los gaditanos Moret, que también dio su propio discurso, y al fallecido Emilio Castelar por considerar a ambos grandes conocedores de aquella Constitución. Entre su discurso y los tiempos que corren no parece haber transcurrido tanto tiempo si nos ceñimos a las palabras que menciona, tales como justicia, soberanía o libertad, las cuales podemos encontrarlas sin problemas en los actuales mítines políticos.
En el Ayuntamiento, el Salón de Sesiones se convirtió en lujoso comedor para la ocasión con una rica decoración y un no menos exquisito menú amenizando el banquete los sones de la Banda de Pavía que tocaba desde el patio interior del edificio. Tras esto marcharon al Gran Teatro para ver la representación de "El Alcalde de Zalamea", interpretada por la compañía del Sr. Vico. Además de estas celebraciones hubo otras "más populares" como diversas cenas y fiestas clásicas en el Casino Gaditano, excursiones a los ventorrillos de extramuros, fuegos artificiales, etc.





-CELEBRACIONES DEL MES DE OCTUBRE

Otros muchos actos protocolarios tuvieron ocasión en este mes de octubre. El día 2, se descubrieron la mayoría de las lápidas conmemorativas que hoy adornan la fachada del templo de San Felipe Neri recibidas entre otras, de las Repúblicas Hispanoamericanas, Ayuntamientos y demás corporaciones e Instituciones. El día 3, otra procesión cívica como la de marzo recorrió las calles de la capital, teniendo lugar por la noche la velada Hispanoamericana en el Gran Teatro en la que tuvieron cabida discursos como los de los Señores Rafael Mª de Labra, que defendió la unión y fraternidad de las Repúblicas sudamericanas con la madre Patria, y Figueroa Alcorta, ex-presidente de la República Argentina, entre otros.
De nuevo, los comentarios sobre la iluminación de la ciudad y demás preparativos con motivo de este acontecimiento fueron elogios generalizados en la prensa gaditana. El Anuario de Cádiz y su provincia de 1913 dice textualmente no hubo corporación, centro, sociedad ni casa pudiente que no iluminara sus fachadas, y resaltaba las de la calle Duque de Tetuán, Duque de la Victoria y plaza de la Constitución e Isabel II, además de las de Columela, Fábrica de Tabacos, hasta la que dispuso los barcos atracados en el puerto en sus cubiertas. Hubo además otros actos y celebraciones organizadas por la Junta del Centenario tales como bailes, conciertos en una tribuna levantada en el flamante paseo de Canalejas, verbenas en las plazas de la Merced, fuegos artificiales, etc. El día 4 fue para la exhibición militar. Hubo misa, banquete y desfile de las fuerzas ante las autoridades militares en el parque Genovés, y por la noche, de nuevo en el Gran Teatro, la Velada Escolar. El día cinco se celebró la Velada Parlamentaria en el mismo Teatro, donde tuvieron lugar una serie de discursos por parte de Aura Boronat, Segismundo Moret, etc. Por la noche, se celebró el té con que el Casino Gaditano obsequió a los condecorados con la Cruz de San Fernando y la cena a la que la Asociación de la Prensa invitó a los periodistas venidos de fuera para cubrir la noticia. También fue en este día la inauguración del “Museo Iconográfico e Histórico de las Cortes y Sitio de Cádiz" que contó con el diseño neoclasicista de Juan Cabrera Latorre promovido ya desde 1909 por Cayetano del Toro, entonces Alcalde de Cádiz. El día 6, se intentó en el Balneario Victoria la primera fiesta de la aviación, que se efectuó al día siguiente sin mucho éxito. Desde el siete hasta el día 12 tuvo lugar también el Primer Congreso Periodístico Español presidido por Segismundo Moret.




LA CRUDA REALIDAD

Como hemos podido apreciar a lo largo de estas páginas, la ciudad se volcó tanto a nivel Institucional como popular para dar al evento la importancia que merecía y no sólo con la participación masiva del pueblo en los festejos. La iluminación tantas veces elogiada no fue sólo iniciativa de la Corporación Municipal, muchos balcones particulares también fueron decorados e iluminados por decisión propia de sus inquilinos que desearon aportar su particular granito de arena en el engrandecimiento de aquella fiesta. Es innegable que emblemáticos rincones de nuestra ciudad como los del paseo de Canalejas, o la gaditanísima plaza de España, tan arraigados ya a nuestras retinas, se lo debamos a aquel histórico momento en el que los gaditanos conmemoraron aquel Centenario (aunque la finalización de las obras de algunos de ellos, como las del Monumento de las Cortes, llegaron más tardíamente, como veremos más adelante). Pero no menos cierto es que los gaditanos que asistieron a aquel episodio de nuestra Historia tuvieron que seguir leyendo las mismas noticias en los periódicos. En aquellas páginas que a través de hemeroteca han podido llegar hasta mis manos seguían apareciendo indicios de la crisis en la que se encontraba inmersa la ciudad antes y después del evento. ¡Cómo si no explicar los retrasos padecidos en obras tan importantes como las impulsadas con motivo de este aniversario si no por razones de índole presupuestarias!
Con el evento se pretendió marcar una línea divisoria que señalara y separara el declive, del despegue económico deseado, pero lo cierto es que los problemas habidos antes y después de aquel año fueron prácticamente los mismos. El temporal siguió provocando socavones en la Alameda y en el Campo del Sur y la crisis padecida siguió afectando a la sociedad que se vio agravada incluso, por los efectos de la Primera Guerra Mundial. Todo ese movimiento preparatorio, que pareció dar vida a los gaditanos ante la inminente llegada de la conmemoración, coincidió en el tiempo con el considerado benefactor de la ciudad, Segismundo Moret, en el Gobierno Central, pero un año después del Centenario muere de forma repentina y significativo fue que del Toro, hombre dedicado de lleno y por entero a la política, la abandonara sin más alegando el temor que le provocaba el desamparo al que los gaditanos se encontrarían avocados irremediablemente sin aquella clave figura, retirada a la que se sumó luego la dimisión del propio Alcalde, Ramón Rivas.
La crisis económica era tal, que cuando Francisco Clotet tomó posesión de la Alcaldía el 27 de junio de 1917, lo primero que hizo fue dar un discurso en el que se lamentaba de no poder llevar a cabo nuevos proyectos y planes para el futuro, ya que la lamentable situación económica que atravesaban las arcas municipales unida a la conflagración mundial, impediría la realización de proyecto ambicioso alguno. Las huelgas por el aumento de los salarios que permitieran la subsistencia de las familias se sucedieron, como la Huelga General de 1919 donde los disturbios provocados se saldaron con un muerto y varios heridos. Por su parte, las tabaqueras también reclamaron mejoras laborales, la propia Diputación de Cádiz sufrió el corte de luz ante la falta de pago, y la Sociedad de Aguas amenazó también con la respectiva restricción.
En 1917 se produjo la compra de los Astilleros de Vea-Murguía por los empresarios vascos Echevarrieta y Larrinaga que pretendieron dar el impulso definitivo. Sin embargo, un año más tarde, Diario de Cádiz publicó una noticia en la que se destacaba que los operarios de los astilleros no ganaban para sufragar su propia subsistencia, que los salarios eran bajísimos y sus condiciones, deprimentes.
La crisis se dejó notar en años posteriores en casi todos los frentes y en el de las fiestas gaditanas no iba a ser menos. Las hermandades de Cádiz sufrieron esta lamentable situación económica y la mayoría no pudieron realizar el desfile procesional en la Semana Santa del año 1917 por las calles de la ciudad. Para colmo una epidemia llamada "gripe española" se desató provocando numerosos muertos, la agitación social era tan complicada, que el Gobernador Civil, José Bono, decidió prohibir en 1919 la celebración del Carnaval alegando entre otras razones la de ser un medio de prevención para evitar la propagación de la epidemia.
Significativo fue sin duda también el caso del Monumento de las Cortes y Sitio de Cádiz. ¡Cuánto tiempo estuvieron parados los trabajos, ante la falta de presupuesto!. Diario de Cádiz publicó una noticia recordando las vicisitudes por las que este proyecto, autorizado por el Parlamento ya desde 1812, tuvo que pasar hasta hacerse realidad. Las guerras, revoluciones y destronamientos padecidos en el siglo XIX hicieron relegar a un segundo plano aquella autorización. Los gaditanos tuvieron que esperar hasta 1926 para ver introducidos los costes de los trabajos en los presupuestos del Estado por parte del Presidente del Consejo de Ministros General Primo de Rivera y no fue hasta mayo de 1929 cuando la ciudad por fin recibiera formalmente aquel Monumento obra del artista Aniceto Mariñas y del arquitecto Modesto López Otero.
En el puerto, se dio prácticamente la misma problemática. Cádiz necesitaba imperiosamente la ampliación de su puerto. Se proyectaron la ejecución de tres muelles; el de Reina Sofía, Marqués de Comillas y Alfonso XIII que hicieran posible literalmente, como ya se ha dicho en varias ocasiones, meter los trasatlánticos en la plaza de San Juan de Dios, pero al igual que con el Monumento a las Cortes, sus trabajos, autorizados desde 1907, fueron tan lentos que no se vieron ejecutados en su totalidad hasta el año 1930. Las obras eran muy costosas y el Estado se negaba a sufragarlas con cargo exclusivo a sus Presupuestos. El estallido de la aludida I Guerra Mundial en 1914, dificultó también los trabajos del mismo haciendo más difícil conseguir los materiales y suministros necesarios para su construcción. Además, el encarecimiento de los precios según Manuel Barragán, obligó a la Junta, que pasaba graves dificultades económicas, a acordar una reducción a la parte ya ejecutada de las obras del dique de San Felipe y del dragado general.

En definitiva y para ir concluyendo podemos decir que, la ciudad no pudo enderezar ese rumbo perdido con pretexto de la celebración de aquel Centernario y sus esfuerzos, por unas u otras razones, no fueron nunca recompensados, algo de lo que serían conscientes los propios contemporáneos de la época como queda claro en el siguiente extracto: Los gaditanos no pudieron congratularse de haber obtenido resultados beneficiosos ni productivos a pesar del inmenso sacrificio que la ciudad y sus vecinos realizaron para abrillantar los fastos que se conmemoraban.


Artículo publicado en la revista nº 23 de Ubi Sunt? Año XI. 2º semestre de 2008.

lunes, 7 de mayo de 2007

HISTORIA DE CÁDIZ: GUERRA CIVIL

La Guerra Civil en Cádiz


"El movimiento militar ha triunfado en todo el país", "Tiros y asaltos a tiendas en el 18 de julio en la capital"... Estos son los tristes titulares de la prensa gaditana, más concretamente de "DIARIO DE CÁDIZ", en julio de 1936. En marruecos, una parte del ejército se habían sublevado y levantado en armas para acabar de forma drástica y trágica con la segunda experiencia republicana del país hace ahora setenta y un años. Varios Generales como José Sanjurjo, Emilio Mola o Francisco Franco entre otros, lo habían planeado todo.
En Cádiz, el apoyo de José López Pinto Berizo y Enrique Varela Iglesia fue crucial. En poco tiempo el levantamiento había triunfado y aunque el Gobierno de Casares Quiroga desmintiera lo ocurrido, lo cierto es que Queipo de Llano, jefe de la división militar en Sevilla, ya había anunciado la rendición de esta ciudad por la radio. Esa misma tarde se declaraba el Estado de Guerra en Cádiz y en toda la provincia.
El General Varela que fue encarcelado como medida de seguridad por parte de la Gobernación civil ante los rumores del levantamiento del ejército español en Marruecos, tras ser liberado marchó con tropas de infantería hacia el edificio de la Gobernación para pedir al Gobernador que se uniera a la causa, pero ante la negativa de éste, ordena a las tropas disparar contra la fachada del edificio. Es entonces cuando encontramos a la primera de las muchas víctimas de esta amarga confrontación: el joven corneta Rafael Soto Guerrero. Este asedio al edificio del Gobierno Civil, duró hasta altas horas de la madrugada. El caos estaba servido lo cual, se materializaba en insesables tiroteos, la clásica quema de iglesias tales como las de Santo Domingo, el Carmen, San José, o los asaltos a las diferentes tiendas y comercios de la ciudad. Tiros y más tiros era la nota predominante desde las azoteas de las casas donde se escondían los francotiradores, sobre todo en el barrio de la Viña y Santa María, lo que originó numerosos registros domiciliarios y detenciones. La gente se encerraban en sus casas ante estas circunstancias. El ambiente era de inseguridad y miedo a salir a la calle. Pronto serían reemplazados de sus cargos los funcionarios y demás trabajadores que habían sido nombrados de forma legal siendo sustituidos por personas excogidas "a dedo" afines al alzamiento.
El día 19, se produce el desembarco del destructor “Churruca” incrementándose de esta manera los efectivos y forzando la rendición del Gobierno Civil. Al igual que tantos otros, los dirigentes republicanos como el mencionado Gobernador Mariano Zapico, Francisco Cossi Ochoa o el Alcalde de Cádiz, Manuel de la Pinta Leal, serían fusilados despiadadamente siendo luego enterrados en el cementerio de San José, (los que podían ser enterrados, claro, porque a otros muchos no le dieron ni ese triste derecho). Ramón de Carranza, pronto se hizo con la Alcaldía y con la Gobernación civil de la ciudad. Al igual que ocurriría el 6 de agosto, el 25 del mismo mes, se producen bombardeos procedentes del ala republicana que alcanzaron la emblemática Alameda de Apodaca. El Casino Gaditano fue tomado por los sublevados y usado como centro de reuniones. Se prohibió el Carnaval mediante un bando, se organizó un batallón de milicianos , se repuso los crucifijos de las escuelas, se cambiaron nombres de calles y plazas apareciendo ahora nombres como "Plaza del General Varela" o "Avenida López Pinto", se vuelve a colocar la bandera bicolor, etc... La herida acababa de abrirse y el franquismo bien se encargó de mantenerla abierta. Las cartillas de racionamientos, el estraperlo, el hambre y la pobreza marcaron el perfil de una España unida a la fuerza y separada por naturaleza por el odio y el rencor que conlleva una confrontación entre hermanos.

jueves, 26 de abril de 2007

HISTORIA DE CÁDIZ: EL TEMPLO

Kronos, Astarté y Melqart


(...)En el mundo antiguo era muy importante el aspecto religioso y según Plinio en la isla mayor se hallaban tres templos o santuarios: el de Kronos (Saturno), Astarté (Venus) y el de Melqart (Hércules). Plinio situó el santuario de Kronos frente al de Astarté. Con todo esto, los investigadores se han afanado en buscar el lugar exacto donde pudieron haber sido levantados cada uno de ellos y en base a los diferentes hallazgos encontrados, se piensa que el de Kronos pudo hubicarse en las inmediaciones del Castillo de San Sebastián, el de Astarté en el de Santa Catalina (la ubicación de ambos no difiere de las indicaciones de Plinio) y el Melqart en la isla de Sancti Petri..

Los restos encontrados en las inmediaciones del actual castillo de San Sebastián son predominantemente religiosos al igual que los hallados en las inmediaciones de la Punta del Nao; junto al castillo de Santa Catalina. Aquí se registraron objetos como quemaperfumes, el Gran Thymiaterion (fechado en los siglos VII-VI a.C), objetos votivos como estatuillas de terracota o el capitel protoeólico de volutas, hallado en 1959, por un subalterno del museo gaditano cuando se encontraba mariscando en la Caleta por las inmediaciones de dicha zona. Todo esto reforzó esta hipótesis sobre todo, si tenemos en cuenta los capiteles documentados en templos Tirios los cuales reúnen las mismas características que el que acabo de comentar. Por la forma del ejemplar, se cree que no pudo servir como elemento constructivo funcional sobre el que descansara peso alguno sino mas bien, se piensa que pudo pertenecer a dicho santuario pero como columna exenta con claros fines estéticos o decorativos. El Templo más importante de los tres y sobre el que mas se ha escrito es el dedicado a Melqart, un dios Tirio protector y benefactor de la ciudad, de la navegación y garante del comercio el cual, se encontraría en la isla de Sancti Petri. Un hallazgo en sus inmediaciones en concreto, posee una inscripción “HG” el cual se ha interpretado como “Hércules Gaditano”. De ser así, parece que no hay duda. Además esto se ve reforzado si tenemos en cuenta el marcado carácter mercantil y comercial de esta sociedad. El Templo era el elemento que financiaba la actividad colonizadora asesorando a los colonos a cambio de un diezmo anual. Su famoso oráculo fue consultado por personajes importantes de la talla de Aníbal, César o Polibio. El Heracleion gaditano debía ser muy rico y en consecuencia diversas veces expoliado. El mismo César, tras la Batalla de Munda lo expolió robando las estatuas pertenecientes al Templo.

Extractos del artículo publicado en la revista Ubi Sunt? nº 20 de 2006

HISTORIA DE CÁDIZ: ARQUEOLOGÍA FUNERARIA

Arqueología funeraria en Cádiz


(...)Los restos funerarios nos aportan muchísimos datos como cronologías, modas imperantes del momento, estatus del difunto por la variedad y/o calidad de los ajuares en ellos encontrados, y por tanto características acerca de la estratificación social, ritos funerarios de cada civilización, datos relativos al comercio, importaciones o exportaciones mas importantes, etc... Los emplazamientos con restos funerarios además, sirven también de forma indirecta para descartar la posibilidad de que en ese mismo lugar se descubra un núcleo poblacional aunque, esto no es tan sencillo sobre todo, si tenemos en cuenta que el expansionismo urbano pudo en ocasiones superar los límites de separación entre uno y otro hasta el punto de llegar a confundirse dentro del espacio urbano ambos suelos. Esto mismo es lo que ha ocurrido en la actualidad con el cementerio de San José el cual se hallaba ya inmerso en el centro de la ciudad y que ahora se ha tenido que trasladar al cementerio Mancomunado ubicado en la vecina localidad de Chiclana de la Frontera. El núcleo poblacional inicial de aquellos fenicios estaría ubicado en oppidum y estaría además amurallado siguiendo el patrón de asentamiento de los pueblos fenicios orientales y la Necrópolis se situaría en virtud de los hallazgos encontrados en la zona de extramuros o parte moderna de la ciudad conocida en la antigüedad como “Kotinoussa”. El rito funerario predominante de éstos primitivos fenicios es generalmente la cremación in-situ en fosa doble o simple rectangular y sin ningún tipo de protección o cubierta. En la década de los 80 se llevaron a cabo una serie de excavaciones de urgencias muy productivas que se ciñen a estas características. En 1985 se excava en la esquina de la calle Ciudad de Santander con Brunete donde se halló una fosa rectangular rellena de arena con un enterramiento documentándose incluso, la leña usada en la incineración del cadáver además de otros objetos utilizados en el ritual como vasos, colgantes, etc... En los años sucesivos se siguieron excavando por las mismas inmediaciones (Tolosa Latour, Avda Andalucía esquina con Villa Fuente Bermeja etc...) con resultados satisfactorios que venían a confirmar cual era el territorio usado como Necrópolis por estos primitivos gaditanos.

(...) Hay que decir que a partir del siglo VI a.C mas o menos, el rito predominante va a ser la inhumación en tumbas de sillería ostionera en fosa como se pudo comprobar en las excavaciones que se efectuaron en la plaza de Asdrúbal, Tolosa Latour etc... La Necrópolis púnica rebasa con creces los límites de la anterior fenicia tanto por el norte como por el sur. Los enterramientos de las Necrópolis púnicas presentaban con frecuencia ajuares como huevos de avestruz pintados con una decoración de motivos muy variados (forma de máscara, vasijas etc...) evidenciando la clara influencia ejercida ahora por el mundo púnico desde el norte de África por ser ésta peculiar “materia prima” abundantísima en dicho continente documentándose igualmente muchos ajuares de huevos de avestruz al otro lado del Estrecho. Estos peculiares ajuares se introducían en las tumbas para asegurar de alguna forma la pervivencia del difunto en el mas allá o quizás para favorecer la vuelta a la vida del difunto ya que estos huevos estaban considerados como la semilla de la vida.

Esta relación entre Cartago y Gadir no significa que las relaciones con Oriente se detuviesen. En el Museo de Cádiz, se encuentra una selección de los objetos encontrados en los distintos yacimientos (...) pero sin lugar a dudas las piezas mas valoradas de todo el edificio son los dos sarcófagos púnicos antropomorfos. Uno por ser el primero en encontrarse y que dio pie a la creación del mismo museo y el otro, por encontrarse mejor conservado que el anterior y presentar unas suaves decoraciones perfectamente ejecutadas y de gran belleza. El primero de ellos lleva esculpido en la tapadera frontal del sarcófago una yaciente figura masculina barbada y con claros rasgos orientalizantes. El representado sostiene en su brazo izquierdo una granada mientras que el derecho se halla extendido agarrando una corona de hojas pintada, no conservada en la actualidad. Fue hallado a finales del siglo XIX, concretamente en 1887 en los terrenos de Punta de Vaca, cuando se estaba llevando a cabo unos trabajos de rellenos y allanamientos del terreno con el objetivo de ubicar en este espacio los primitivos astilleros de Vea- Murguía. (aquí en realidad debe decir: " para ubicar en este espacio una Exposición Marítima, junto a los primitivos astilleros de Vea-Murguía") Se hallaron tres enterramientos o tumbas con sillares en uno de los cuales, en su interior, se encontraba este sarcófago antropomorfo marmóreo. Este tipo de sarcófagos son muy poco usuales lo que iba a servir de apoyo para aquellos que defendían la teoría de la supremacía de Gadir en Occidente y la continuidad de las relaciones con tierras Sirio-Palestinas. Sabemos, que al otro lado del Mediterráneo, se encuentran algunos sarcófagos de increíble parecido, por lo que se cree que éstos hallados en Cádiz fueron salidos bien de los entonces famosos talleres de Sidón o Biblos, o por lo menos haber sido labrados por algún artista buen conocedor de lo que al otro lado del Mediterráneo se imponía por moda. Así se pone de manifiesto la continuidad de las relaciones entre Gadir y la costa Sirio-Palestina en el siglo VI, en este caso con Sidón, después de la caída de Tiro (...) El hecho de labrarse en la tapadera la figura del difunto recuerda la creencia egipcia de que la supervivencia tras la muerte se le asegura al difunto inmortalizando de alguna manera su rostro en materiales duraderos como en este caso, el mármol; algo que por el contacto establecido con éstos egipcios sabían muy bien los sidonios, expertos en este tipo de fabricaciones funerarias. Los arqueólogos empiezan entonces a formularse preguntas y mas preguntas sobre la persona que ahí se encontraba enterrada. ¿quién fue?, ¿por qué ese enterramiento tan diferenciado de los hasta ahora encontrados? ¿era un rey?, ¿pertenecía quizás a una importante oligarquía asentada en Gadir?, etc...

A partir de 1979 se intenta desde el consistorio gaditano asegurar el estudio arqueológico de nuestro subsuelo no concediendo ninguna licencia de obra de ningún solar, hasta que éste no haya sido estudiado. Sólo un año más tarde y casi un siglo después del importante hallazgo de Punta de Vaca, en 1980 se encuentra otro sarcófago antropoide esta vez femenino en la calle Ruiz de Alda, en un antiguo solar del Chalet de Pelayo Quintero Atauri; uno de los arqueólogos implicados en la excavación (hay que aclarar que Quintero Atauri había estado implicado en la búsqueda de un segundo sarcófago, pero no en esta excavación en la que se encontró, porque murió antes de producirse el descubrimiento). Este nuevo hallazgo hace creer en las posibilidades de que bajo nuestro suelo se encuentren mas sarcófagos similares y nuevos vestigios que aporten nuevas pistas que ayuden a conformar este complejo rompecabezas.
(...)






Extractos del artículo publicado en la revista Ubi Sunt? nº 20 de 2006

HISTORIA DE CÁDIZ: SU ANTIGÜEDAD

El Gadir de la antigüedad


(...)Los restos aparecidos pertenecientes a los momentos iniciales en comparación con la antigüedad que posee la fundación de Gadir, son mas bien escasos. Pero hay que tener en cuenta varios aspectos que dificultan la aparición de estos restos antiguos. La erosión por ejemplo, es un factor negativo que incide en la escasa documentación de restos arqueológicos. Los fuertes vientos característicos de la zona a los que éstos han sido sometidos durante siglos unido a la acción corrosiva que ejerce la cercanía con el mar, provoca una aceleración de la acción erosiva sobre los materiales y el posterior deterioro de los yacimientos. Además, aunque el limitado espacio del que disponemos hace posible una concentración de yacimientos en un corto radio de terreno, en realidad mas bien esto que podría beneficiar el hallazgo de vestigios, lo que hace es entorpecerlo. Al carecerse de terreno, estos han ido revalorizándose y se han ido empleando en construcciones básicamente dirigidas a satisfacer la siempre fuerte demanda de viviendas hasta el punto de casi agotar todo el suelo disponible. Por esto, el arqueólogo debe ser consecuente e ir estudiando los terrenos que quedan al descubierto tras la demolición de una finca o vivienda. Por tanto, la única forma de estudiar nuestro pasado es a través de una excavación arqueológica de urgencia. Así los vestigios han de estudiarse en un corto espacio de tiempo para luego volver a edificar en el mismo solar que quedó tras la demolición. De todas formas, los pocos vestigios que se conservan en la actualidad no carecen de valor ni mucho menos y aportan una escueta pero valiosa información sobre nuestros orígenes. Pocas veces se mantienen las estructuras in-situ con fines pedagógicos o culturales, pero algunas si que se han mantenido por su importancia, como pueden ser los restos del teatro romano del pópulo, los columbarios de la calle General Ricardo, los restos encontrados bajo la antigua Casa del Obispo; (enterramiento donde se halló el famoso anillo de oro fenicio con los dos delfines grabados del siglo VII a.C), etc... algo digno de alabar en una ciudad tan carente de terreno como ésta.

Se piensa que en un principio, Gadir sólo fue un emplazamiento utilizado como gran almacén o depósito de las mercancías que se comercializaban en uno y otro sentido como defienden los autores Arteaga o Martín Cevallos entre otros; al amparo del gran Templo de Melqart. Por esta línea no solo viajarían objetos comerciales sino, que también viajaban costumbres, modas, tradiciones, etc... Este hecho iría provocando una serie de necesidades que con el tiempo desembocaría en un asentamiento continuo cuyos habitantes vivirían principalmente del comercio. Es sabida la importancia que los primitivos fenicios daban al comercio al otro lado del Mediterráneo; tanta, que según parece esa fue la causa directa de la colonización fenicia de occidente. Según el historiador griego perteneciente al siglo I a.C; Diodoro Sículo, los metales preciosos de la Península Ibérica como la plata, el bronce o el estaño eran abundantes y los indígenas ignoraban su uso, así que se dedicaron al comercio de intercambio con el fin de llevar el tan codiciado metal hacia Oriente y así satisfacer la fuerte demanda de entonces a cambio de la importación de otros productos manufacturados. Un gran adelanto en el campo de la arqueología se produciría en 1976 cuando F. Ponce en base a diferentes hallazgos arqueológicos detectó la existencia de un canal marino que uniría en los tiempos primitivos la Bahía gaditana con el Océano Atlántico a través de Puerto Chico; por el Campo del Sur. Los posteriores sondeos realizados en distintos emplazamientos por donde se supone que deberían haber transcurrido las aguas del canal lo confirmaron. El conocimiento de la existencia de este antiguo Canal Bahía-Caleta o de Ponce como también es conocido; que dividía la pequeña isla gaditana, explicaría ahora el porqué algunas fuentes antiguas hablaban en plural de las “gadeiras” cuando se referían al Cádiz de la antigüedad.

Sobre la cronología de la fundación de Gadir se ha discutido mucho y las posturas tomadas por los distintos autores difieren mucho entre sí. Hay autores que niegan las cronologías mas o menos aceptadas hoy en día (1100 a.C aprox) sencillamente porque no se ha encontrado rastro arqueológico alguno tan remoto. En cambio, otros autores hablan de la posibilidad de que dicha cronología sea cierta apuntando que la ausencia de tales hallazgos arqueológicos no significan la inexistencia de éstos y que habrá que seguir excavando e investigando.

Esta primitiva población fenicia, que por los hallazgos encontrados se situaría al norte del canal de Ponce, en la isla llamada Erytehia y a tenor de los vestigios funerarios y las sabidas características de ordenación urbana tanto de ésta época como las de hoy en día de separar la ciudad de los vivos de la de los muertos; se puede presumir que se ubicó en los alrededores de la Torre Tavira. (...)

El subsuelo gaditano aguarda muchas sorpresas las cuales deben desvelar nuevas aportaciones que sirvan para aumentar el conocimiento de estas fechas tan remotas sobre la fundación de Cádiz. Cada vez que se derriba una vivienda o finca afloran multitud de enterramientos ya sean fenicios, púnicos o romanos, como los documentados en excavaciones recientes como pueden ser los del solar que ha quedado en las antiguas bodegas de Abarzuza una vez demolido el cine de verano Brunete donde se han documentado restos fenicios de finales del siglo VI a.C, púnicos de siglo III a.C y romanos de época republicana, la fábrica de Salazones de Santa María o los hallazgos pertenecientes a los antiguos cuarteles de Varela. Son los vestigios arqueológicos los que dan pie a unir pistas, detalles y demás datos que desenterrados y estudiados dan rienda suelta a una imaginación fundada en un conocimiento trabajado con lo que podemos seguir especulando sobre los orígenes de esta ciudad. Quizá sea la antigüedad de Cádiz y la dificultad de su estudio la esencia que encierra esta dedicación investigadora. Significa mas la inquietud del no saber, que en lo que luego se transforma al ser sabido. Es ese desconocimiento lo que inquieta al hombre y a la vez lo que lo mantiene unido a esta difícil labor que tiene el historiador.
Extractos del artículo publicado en la revista Ubi Sunt?, nº 20 de 2006

HISTORIA DE CÁDIZ: TRAFALGAR, 1805

1805: “El bicentenario de una tragedia”

En 2005, se cumplió el segundo centenario de la famosa batalla que enfrentara a Inglaterra contra franceses y españoles. Mucho ha llovido desde entonces y muchos han sido los autores que se han preocupado de escribir sobre aquellos hechos acontecidos. El célebre escritor Benito Pérez Galdós, en su libro “Trafalgar” nos recrea la sociedad gaditana de la época donde los niños juegan a orillas del mar a combates navales, a guerrear entre ellos; es una sociedad pobre donde el hambre y la penuria se une a una grave epidemia que costaría la vida a muchos ciudadanos. La fiebre amarilla azota sin compasión a toda Andalucía.(...) El mismo Galdós fue víctima de esta temible enfermedad como él mismo nos relata en la citada obra.

En Cádiz parece presentirse el fatal desenlace (...) La gente acude en masa a la Iglesia para orar y pedir que aquella amarga pesadilla que se repetía en sus mentes no llegara a tomar forma en el mundo real, hasta tal punto que incluso, se tuvo que controlar la entrada en la Iglesia del Carmen, la cual tendría que hacerse por tandas. Pero Dios, aquel día 21 de Octubre de 1805 no pudo escuchar aturrulladas plegarias. La suerte estaba echada y ya nada iba a evitar que a la voz del Almirante Nelson desde la cubierta del Víctory se oyera la orden de ataque.

Se enfrentaban la flota inglesa dirigida por el Almirante Nelson (...) contra la alianza franco-española que se estableciera después de que un ataque inglés a cuatro buques españoles propiciaran la ruptura del Tratado de Amiens. Estaba regida por el Almirante Pier Charles Villeneuve y Federico Carlos Gravina que dirigía a la española. (...) La flota española era muy atrasada, tenían importantes bajas que con frecuencia se compensaba con el alistamiento de jóvenes inexpertos, novatos, y no contaba con una equipación armamentística a la altura de las circunstancias. La alianza establecida entre estos dos países tampoco se reflejaba mucho a la hora de consensuar tomas de decisiones en combate. La flota aliada contaba con mas navíos pero, los ingleses estaban mejor dotados y contaban con una mayor experiencia. (...)
Aunque en un principio se pretendía esperar en tierra a los ingleses, el Almirante Villeneuve decide cambiar de estratagema al enterarse de que Napoleón había enviado a Rossilly para relevarle en el cargo y antes de que éste llegara, comete el gran error adelantando los acontecimientos a pesar de los consejos por parte de Gravina, entre otros españoles e incluso de algún que otro francés de que no lo hiciera.

La escuadra inglesa después de varios tanteos, atacó dividiendo a su flota en dos columnas. Los aliados formarían una sola a modo de contención que de nada sirvió porque la victoria inglesa sería sólo cuestión de tiempo. El resultado fue una masacre, unos 4.400 muertos en el bando aliado (1000 por el lado español y unos 3.400 en el francés) y 450 en el inglés. El propio Nelson resulta muerto en combate al ser alcanzado por un francotirador que acribilla la cubierta del Victory dejándolo malherido muriendo poco después, Gravina también murió en combate, Villeneuve fue hecho prisionero y luego se suicidó, etc... ,¡un desastre!

Esta victoria permitiría a Inglaterra alzarse como la primera potencia naval durante al menos los 100 años siguientes. Napoleón Fracasa en sus planes de invasión y España inicia su declive. (...)los dirigentes españoles no escarmientan y vuelven a tropezar con la misma piedra sólo tres años después del desastre de Trafalgar apoyando de nuevo a Francia en su intento de conquistar Portugal. Durante la guerra de la independencia se consumaría el desastre con la pérdida de la mitad de los barcos.

Arturo Pérez Reverte en su libro “cabo Trafalgar”, hace una dura crítica y extrapola estos acontecimientos para compararlo con otros sucesos acontecidos recientemente viendo bastantes similitudes entre este desastre y el del 98, la Guerra de Irak o el mismísimo 11-M. Califica la batalla como “un grave error histórico del que nuestros gobernantes no han aprendido nada”. El ve una clara semejanza entre la alianza franco-española y la que se sacó de la manga el ex-presidente José María Aznar con los EEUU y la misma Gran Bretaña frente a un enemigo común: Irak, (aunque eso de “común” sería muy discutible, al menos habría que debatirse). Las duras críticas del escritor se centran en los gobernantes y cuando define al político español Manuel Godoy dice:“Godoy, un sin vergüenza que para complacer a Napoleón no duda en mandar a la muerte a miles de hombres” y lo vuelve a comparar con el trágico 11-M donde de nuevo la población fue la que pagó con sangre los graves errores de nuestros gobernantes.

Ya son doscientos años los que han pasado de aquella derrota pero, esto no debe quedarse en el olvido, no hace falta abogar por la llamada “amnesia histórica” para ahuyentar rencores ni represalias, hay que ser consecuentes y perdonar llegado el caso; pero nunca olvidar. Precisamente eso es lo que nos puede servir para evitar futuras confrontaciones. (...)Inglaterra para conmemorar el bicentenario de su victoria optó por una recreación del combate, fuegos artificiales etc... y mientras, en España seguimos sacando del mar los restos de los barcos hundidos. (...)Los españoles en su mayoría demostraron haber aprendido la lección cuando se echaron a la calle gritando “No a la Guerra de Irak”, pero no así los que nos gobernaban. Los países, las potencias no escatiman en esfuerzos ni en gastos para prepararse para que en caso de guerra su nación salga vencedora. ¿No sería mucho mas sensato promover otros medios lejos de las armas para intentar asegurar que no haya vencedores ni vencidos? Solo así se aseguraría desterrar la posibilidad de salir derrotado de una confrontación y evitar la muerte de miles de inocentes pero claro, esto tampoco da la posibilidad de ganarla y sacar beneficios económicos a costa del vencido. (...)
Extractos del artículo publicado en la revista Ubi Sun? nº 18 en noviembre de 2005 con motivo del bicentenario de la batalla de Trafalgar