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miércoles, 22 de abril de 2009

SEMANA SANTA 2009


De nuevo el tiempo ha sido protagonista en la Semana Mayor gaditana, pero esta vez, por fin para regalarnos el esplendor tan soñado y añorado que nuestra fiesta se merece. Con un sol radiante, a las 13:45 h, salía por vez primera la novedad más destacada de este año, el “nuevo”, Nuestro Padre Jesús del Amor Despojado de sus vestiduras, y lo hacía desde un colegio de Salesianos de Cádiz que más bien parecía un hervidero. Con un estilo propio y cumpliendo a la inglesa el horario pactado, los “nuevos cofrades” dejaron escritas nuevas y brillantes páginas de historia de nuestra Semana Santa poniendo sin querer en evidencia a aquellas que a pesar de sus dilatadas experiencias, siguen retrasándose en su desfile procesional haciendo esperar al público congregado. No empañará sin embargo esto ninguna de las grandes jornadas vividas en Cádiz este año, y a pesar del obligado deber de dar pronta solución, me atrevería a decir que esto ha servido para mostrar a aquellos detractores que hablan del peligro inminente de nuestra madrugá cómo incluso soportando largas esperas, el público sabe esperar pacientemente abarrotando las calles y plazas de nuestra capital. La solución para que muchos de los que quieren disfrutar de las bellas imágenes de nuestra vecina ciudad de Sevilla en su madrugá, no pasará pues por acortar la nuestra, sino en tal caso, por dilatar la suya.
Gratificante es ver, por otro lado, cómo el enriquecimiento de nuestras hermandades siempre a base de sufridos sacrificios se hace patente cada año. Pasos como el de Jesús de las Penas, Sagrada Cena, Ecce-Homo, Columna, Misericordia, Oración en el Huerto o el flamante de Jesús Caído en sus distintos estados de ejecución, se suman ya al enorme patrimonio del que por fortuna disponemos en Cádiz y que ponen su granito de arena para ennoblecer y otorgar a nuestra fiesta un lugar privilegiado en el marco de nuestras homónimas andaluzas más laureadas. Ánimo damos por el contrario a determinadas hermandades que ven estancado su proyecto por una u otra razón durante años como lamentablemente es el caso del paso de palio de la bella imagen de la Virgen de Gracia y Esperanza que entre espera y espera se desespera.
Hermandades de “bulla”, así como las más sobrias de “negro” nos han deleitado con su desfile. La una con su regocijo y la otra con el recogimiento que llevan por bandera ya sea a los sones de una leve música de capilla, u “horquillas silenciosas”. Bellos momentos nos han ofrecidos distintos rincones y condiciones, porque si bellas fueron las estampas de nuestras cofradías con el reflejo de aquel sol radiante, no menos bellas fueron por ejemplo las imágenes que nos ofrecieron la penumbra de oscuridad “a cirios” y silencio de una repleta plaza de San Francisco que se descubría al paso de la Virgen de las Angustias, o Caminito, como vulgarmente es conocida esta antigua hermandad. Ambas dan una variedad de estilo tan enriquecedor como el oro mismo.
Como casi no se recuerda, así ardió este año el incienso y quemó la cera. Sólo es de esperar que a estos ocho años de aguadas le sigan al menos otros ocho de sol y que esa temible e indeseable agua caiga sobre los pantanos y las fértiles tierras tan necesitadas en su debida cantidad.

lunes, 21 de mayo de 2007

SEMANA SANTA: NUEVA HERMANDAD

Hermandad Salesiana de Penitencia de Nuestro Padre Jesús del Amor despojado de sus vestiduras, y María Santísima de la Concepción


Una nueva hermandad acaba de nacer en Cádiz. El grupo promotor compuesto por José Antonio Perdigones Bautista, José Palmero González, Luis Manuel Rivero Ramos, Joaquín Cortés Molina, Carmen Rivero Ramos, Francisco J. García Rodríguez, Alejandro Fraga Rodríguez, Sergio Carmona Espinazo, Rafael Altamirano Cerezo, Miguel Reyes Verdier, Salustiano Martínez Fierro, José Antonio Pérez Camilleri y Eugenio Mariscal y la indispensable ayuda de los casi 400 hermanos que ya engrosan las filas de la joven hermandad salesiana han conseguido su objetivo; crear para Cádiz y los gaditanos un nuevo misterio de la Pasión de Cristo. Jesús será representado despojado de sus vestiduras y acompañado de María Santísima de la Concepción. Ayer día 20 de mayo de 2007, fue aprobado oficialmente la fundación por parte del Consejo Diocesano. El Hermano Mayor de la nueva Hermandad es ya Luis Manuel Rivero Ramos y su Director Espiritual el Reverendo Padre José Antonio Perdigones. La Junta de Gobierno tomará posesión oficial de su cargo el domingo 3 de junio de 2007. Según parece, la hermandad podría hacer estación de penitencia el Martes Santo y el encargado de tallar la imagen del titular el escultor cordobés Francisco Romero Zafra. Para dar un anticipo de la indiscutible calidad del artista, ponemos esta imagen del Crucificado, de la Expiración, de la cofradía homonima cordobesa, realizada por Zafra en el año 2002.


viernes, 27 de abril de 2007

SEMANA SANTA: PATRIMONIO

La conservación de nuestro patrimonio y el auge de la imaginería policroma en el siglo XX


Una de las principales funciones de los grupos devotos que se hacen cargo de una cofradía, es conservar el patrimonio legado en las mejores condiciones posibles. Cádiz cuenta en este sentido con un amplio patrimonio de suma importancia. Contamos con imágenes antiguas del siglo XVI, XVII y sobre todo del siglo XVIII. Por esta razón, no es raro ver cómo las cofradías mantienen estrechas relaciones con especialistas del arte, restauradores, tallistas o imagineros. Sólo así parece ser posible conservar e incrementar el rico patrimonio, conservando y manteniendo viva además, la propia figura del escultor o imaginero como vieja profesión artística en el siglo de las tecnologías por excelencia. En este sentido, el siglo pasado ha sido notoriamente favorable para las creaciones de estos virtuosos. El hecho de que el 57% de las imágenes titulares que procesionan en la actualidad en Cádiz cada Semana Santa sean obras talladas en el pasado siglo XX, nos dice mucho al respecto. Claro está que este auge de la imaginería policroma en el pasado siglo, viene explicado por las muchas vicisitudes que debieron soportar las cofradías gaditanas cuando muchas de estas tuvieron que quedarse en su templo ante los ya comentados brotes de anticlericalismo vividos en tiempos de la Segunda República española.

Tras la Guerra Civil, empezaron tímidamente a reanudarse los desfiles procesionales. Pero las dificultades en el seno de las cofradías gaditanas no cesarían. Las difíciles precariedades económicas de posguerra provocaron que muchas hermandades no pudieran salir a la calle intentándose buscar soluciones al respecto. Así que, se decide fomentar esta fiesta con la ayuda de la prensa, la radio, etc... Muchas cofradías abandonadas años antes empiezan ahora a reorganizarse y otras muchas aparecen de nueva fundación. Son requeridos por tanto, los trabajos de los artistas imagineros para que éstos doten a las hermandades de nuevos patrimonios siendo el principal problema que se les presenta, la forma de pagarlos. En este sentido, cobra una tremenda importancia el escultor gaditano Miguel Laínez Capote. A este hombre le tocó vivir la difícil época de posguerra y siendo consciente de ello, se dedicó a esculpir las imágenes demandadas a muy poco coste e incluso a veces, a cambio de comida que le ayudara a combatir el hambre. Este escultor imaginero se encargó casi de la totalidad de los trabajos requeridos en esos momentos tan difíciles, pero en los años 80 son muchas las cofradías que optan por sustituir sus obras por otras esculturas de mayor valor artístico quedando en la actualidad, tan sólo 4 obras suyas o 5 si contamos con la imagen del cristo de la Paz, reformada por completo por el imaginero sevillano Francisco Buiza. En recientes artículos y declaraciones, el estudioso Ángel Mozo Polo, reivindica el reconocimiento de la labor de este escultor gaditano que tanto dio a nuestras cofradías cuando mas lo necesitaban, señalando las adversidades por las que debió pasar el artista a la hora de confeccionar sus obras ante la falta de los medios y utensilios idóneos para su correcta talla. Reconocimiento al cual yo me uno desde aquí.

SEMANA SANTA:LA FIESTA

La expresión de la pasión en la semana santa gaditana

En una ciudad tan abocada a las celebraciones de tipo “carnal”, no es raro que la Semana Santa gaditana se haya visto con frecuencia eclipsada por la fiesta de febrero. Los escritos dedicados al estudio de esta celebración son escasísimos y los archivos de las propias hermandades no pocas veces han sido expoliados o reducidos a cenizas por las llamas provocadas por insurrecciones de carácter profano, que en ocasiones puntuales de la historia, ocasionaron además la pérdida de numerosas piezas de gran valor artístico irrecuperables para nuestra ciudad. Los años de la Segunda República española fueron los peores en este sentido. En estos tiempos fueron saqueados determinadas iglesias y conventos como por ejemplo el de Santo Domingo, donde se perdieron además de muchos objetos de gran valor artístico, los archivos de la cofradía de las Cigarreras y la antigua imagen de Nuestra Señora del Rosario, Patrona de la ciudad. Sin embargo, es precisamente por esta falta notoria de documentación, por la que creo conveniente realizar este modesto artículo, que no pretende ir demasiado lejos ni ahondar en lo mas profundo de la razón de su celebración, sino sólo “arrimar el hombro” y contribuir con mi particular granito de arena a través de estas páginas que hoy me brindan la ocasión, a divulgar y difundir la expresión de la pasión cofrade de los gaditanos, dar a conocer una fiesta en la que los ciudadanos expresan cada trescientos sesenta y cinco días, su religiosidad popular.

Para ello dejaremos a un lado, a pesar de la evidente y estrecha relación existente, todo aquello que haga referencia a la ortodoxia propugnada desde el Vaticano. De este modo, podremos abordar el tema desde una óptica más popular. En este sentido, podemos comenzar haciendo una distinción entre la población, basándonos en criterios relativos a la forma en la que esta celebración repercute en cada individuo, distinguiendo tres grupos a mi juicio, bien definidos. El primero de ellos, daría cabida a aquellos que ciertamente manifiestan sus inquietudes religiosas por medio de esta religiosidad popular, en mi opinión, los menos. El segundo, englobaría aquellos a los que gustan disfrutar de todo un glosario de simbolismos en los que no creen, pero que ya sea por tradición, por costumbre o por la atracción que provoca en ellos la majestuosidad de un arte, en su mayor parte barroco, entran a engrosar la lista de defensores de este festejo popular. Y por último, un tercer grupo formado por los detractores o simplemente por aquellos que no participan. En relación a esto último, debemos señalar que en los últimos años estamos asistiendo a un notable incremento en número del público asistente con respecto a años anteriores. No hay más que echar un vistazo a esas fotografías y videos de antaño para darse cuenta de la veracidad de lo que decimos.

Esta fiesta se va a caracterizar por un glosario de elementos que unidos todos ellos van a conformar un ambiente inigualable. No entenderíamos la Semana Santa de otra forma que aglutinando todos y cada uno de estos elementos que la conforman. El elemento ritual y simbólico, va a ser de suma importancia. La fiesta se encuentra impregnada en su totalidad de esta simbología. El color blanco usado como símbolo evocador de la luz, de la pureza, el verde de la esperanza, el dramático color rojo, o el negro del dolor, de la pena y del luto pueden verse como parte integrante en este compendio de simbolismos cada Semana Mayor. El exorno floral, también nos altera emocionalmente con la disposición inteligente con las que son exornados los pasos. Como ejemplo de esto vemos los clásicos claveles rojos, usados fundamentalmente por ese carácter dramático del que hablábamos, por su color intenso y evocador de la sangre que fue derramada por Cristo. Los escudos de las hermandades son otra muestra mas del privilegiado papel que ejerce esta simbología en el ámbito cofrade. Aquí todo tiene su sentido y nada de esto como vemos, es producto del azar, como tampoco lo es la disposición con la que se nos presenta el cortejo procesional en su conjunto, desde la Cruz de Guía, símbolo por excelencia del cristiano que abre camino guiando a los demás hermanos, la luz de los cirios de los penitentes que iluminan las callejuelas por donde han de discurrir los pasos, hasta el final del cortejo. Todo, absolutamente todo, está premeditado.

La Semana Santa es además, tremendamente disciplinaria y viene a reproducir a baja escala, distintos elementos de corte elitista, a pesar de ser usada por el sentir popular, encontrando su mejor exponente en las llamadas “Juntas de Gobierno” con un buen número de cargos sobre los cuales recaen determinadas responsabilidades para velar por el buen funcionamiento de la Hermandad, en las parcelas para los que fueron nombrados. Los distintos grados de hermanos jerárquicamente ordenados en función a la responsabilidad que ostentan dentro de la hermandad, pueden ser distinguidos en la calle por su ubicación en el cortejo procesional, además de por las diferentes insignias que estos han de portar. Pongamos como ejemplo la clásica vara de plata, en general ladrada y rematada en la parte superior con el escudo de la hermandad, algo que ha servido para conocerlos con la metonimia de “Hermanos-varilla” en el argot popular y cofrade. El cortejo procesional se divide en secciones, de las cuales estará a cargo precisamente uno de estos “Hermanos-varilla” quien velará por la seguridad de los hermanos que la integran abriendo y cerrando cada sesión, una serie de insignias dispuestas simétricamente provocando una meticulosa y cuidada estética, y que bien pueden consistir en faroles, varillas, estandartes u otros enseres.

El deseo de guardar la tradición, se entremezcla con la estética y el gusto por las tendencias barroquizantes. La Semana Sana no puede digerirse de otra forma que aglutinando en un mismo conjunto todos y cada uno de los elementos de los que se compone. La expresión en el rostro de unos titulares perfectamente tallados por el arte derrochado por el imaginero al labrar la madera, el tallista o el orfebre que los enmarca con verdaderos altares callejeros, ya sea en madera o en plata, los premeditados exornos florales, la disposición del misterio con el que se nos hace presentar al pueblo, el compás con el que pasean semejante conjunto artístico, la música que suena, las torrijas recién hechas, las oraciones cantadas por saetas bajo la luz tenue de unos bellos candelabros o guardabrisas, el anonimato de los que se encubren silenciosos bajo un caprichoso diseño de foscas túnicas, la disposición de éstos en el cortejo procesional, el olor que desprende unas piedras de incienso y carbón o la cera que se deja caer por las históricas calles y plazas de nuestra ciudad, etc... son sólo algunas de las muchas características que unidas todas ellas conforman este clima que se forja como sello de identidad propio de este folclor y que ahora, un año mas podremos disfrutar y participar de su grandeza desde el sublime momento en el que esas puertas del Carmen de par en par, se abran a la brisa del mar.